El efecto ha sido devastador en las mayores compañías petroleras y en algunos estados productores como Rusia o Venezuela, pero los consumidores, las refinerías y muchos otros países están exprimiendo la oportunidad.
El desplome del precio del crudo puede resumirse en tres meses y tres cifras: en diciembre de 2013 superaba ligeramente los 100 dólares, en diciembre de 2014 rondaba los 70 dólares y en diciembre de 2015 acaricia a ratos máximos de 50 dólares. El origen de esta situación es, como suele ocurrir siempre con los combustibles fósiles, una brutal lucha por el poder. Hay dos versiones sobre esta peculiar guerra comercial que está ayudando a economías muy golpeadas por la crisis como las europeas y castigando a las que, como Brasil o Venezuela, evitaron lo peor de la recesión mundial gracias al boom y luego a la relativa estabilidad del precio de las materias primas. La primera versión, que suscribe por ejemplo Jim Krane, experto en energía del Instituto Baker de la Universidad de Rice en Houston, es que “Arabia Saudí quiere acabar con la competencia del petróleo de esquisto de Estados Unidos y con los proyectos de extracción en el Ártico y en aguas profundas”, muchos de los cuales ya ha conseguido que dejen de ser rentables. La segunda versión sitúa a Rusia como el gran objetivo de los saudíes porque según Jean-François Seznec, del Centro de Energía Global del Atlantic Council, “es un gran productor y, al mismo tiempo, la ineficiencia y antigüedad de sus plantas de extracción le impide adaptarse rápidamente a fuertes oscilaciones en el precio”. Además, para muchos especialistas en geopolítica como Juan Carlos Martín Lázaro, de IE Business School, la caída del crudo permitiría a Riad castigar a Vladímir Putin por su apoyo a Irán y al régimen sirio de Bashar el Asad. Sean cuales sean los contendientes de esta lucha por el poder, lo que resulta obvio es que el derrumbamiento del barril, que en menos de dos años se ha hundido un 50 por ciento, ha provocado gravísimas consecuencias en los grandes países productores y las grandes empresas, mientras que ha espoleado la economía de los principales consumidores del mundo.

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