“La epidemia está fuera de control”. La angustiante frase, que parece sacada de una novela de ficción, fue pronunciada por el doctor Bart Janssens, director de Operaciones de Médicos sin Fronteras (MSF), ante el incontenible avance del ébola.

En los últimos meses se han registrado 1.323 casos de personas infectadas y ya se cuentan 729 muertes en Guinea, Sierra Leona y Liberia, desde que comenzó el nuevo brote. A pesar de que con anterioridad se ha podido controlar, de momento amenaza con salirse de madre.
Desde que la enfermedad fue detectada en 1976 es la primera vez que se prenden todas las alarmas en las entidades encargadas de la materia. La Organización Mundial de la Salud, OMS, ya ha desplazado más de 100 personas a los países mencionados de África Occidental, que se suman a los cientos de trabajadores voluntarios que ya están sobre el terreno buscando parar la transmisión y prevenir la transmisión a nuevos países. De momento se han destinado cerca de US$ 120 millones para tal fin. Sin embargo, dadas las condiciones sanitarias y de pobreza en la zona los resultados no son los mejores. Dadas las condiciones culturales y de pobreza las familias mantienen a los enfermos en sus casas, sin ningún tipo de aislamiento o cuidado especializado, aumentando considerablemente las posibilidades de propagación. De otro lado cerca del 10% de los fallecidos son trabajadores de la salud, lo que suma un nuevo tema de preocupación. Esto llevó a que la propia OMS anunciara el viernes anterior que el “brote del virus avanza más rápido que los esfuerzos para controlarlo”.
Es inevitable no traer a la memoria lo que en su momento se vivió en el mundo a comienzos de los ochentas con la aparición del Sida. A pesar de tratarse de distintas enfermedades y su forma de contagio y expansión, en dicho momento también se mencionaba una rara epidemia que venía de dicho continente, que se propagaba por transmisión sexual y que no tenía cura, mientras que ahora lo es por transmisión de sangre o fluidos de personas o animales. Si luego de tres décadas, miles de personas fallecidas y miles de millones de dólares todavía no hay una cura cierta para el Sida, ¿qué se puede esperar de esta nueva epidemia de la que poco se sabe? La Directora de la OMS, Margaret Chan, dijo recientemente que “no es de sentido común que las autoridades nacionales y la comunidad internacional permitan que el virus del ébola circule ampliamente por un largo periodo entre personas”. Hay que actuar ya mis mismo, pues.
La Federación de Sociedades de la Cruz Roja, por su parte, destacó el hecho de que se dispusiera de una cifra importante de dinero para trabajar de inmediato sobre la mortífera enfermedad. Pero al mismo tiempo no dejó de expresar su preocupación por lo que considera “lentitud y la nimia respuesta de la comunidad internacional” por lo cual piden que se redoblen los esfuerzos pues “sólo una acción concertada de la comunidad internacional permitirá la contención del virus”. De hecho en Estados Unidos el tema adquiere otras consideraciones dado que un médico de dicho país falleció tratando de contener el epidemia y dos misioneros norteamericanos afectados, de dicha nacionalidad, fueron repatriados en días recientes para ser tratados en centros de salud del país del norte. Esta situación ha generado todo tipo de especulaciones y comentarios en los medios y las redes sociales que sienten que una falla en los controles de seguridad podría abrir el peligro de contagio a otras personas.
A partir de este miércoles Washington será la sede de una reunión de Barack Obama con los presidentes de los países africanos. La oportunidad cae como anillo al dedo para que esta preocupante enfermedad ocupe un lugar de importancia dentro de las deliberaciones y, lo más importante, se tomen medidas efectivas en materia de recursos suficientes para su prevención y cura. El tema no puede quedarse solo en discursos.
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